Conservación de documentos en la empresa: plazos, almacenamiento y cuándo eliminar
Cuánto tiempo hay que conservar los documentos de una empresa en España — los 6 años del Código de Comercio frente a los 4 de la Ley General Tributaria y por qué no coinciden —, cómo almacenarlos en formato electrónico y cuándo se puede eliminar lo que ya ha cumplido su plazo.
Facturas, contratos, albaranes, extractos bancarios: quien dirige una empresa acumula a diario documentos con relevancia mercantil y fiscal. Y con ellos aparecen tres preguntas que casi nunca se responden juntas: cuánto tiempo hay que guardarlos, dónde y cómo almacenarlos, y cuándo se puede por fin eliminar lo viejo.
Esta guía responde a las tres.
Aviso: este artículo es una orientación general, no asesoramiento legal ni fiscal. Para tu caso concreto, consulta siempre con tu asesor o gestor.
Qué significa conservar los documentos de forma conforme
En España, la legislación mercantil y la normativa tributaria obligan a empresarios y profesionales a conservar los libros, la correspondencia, la documentación y los justificantes relativos a su actividad. Esa obligación no desaparece porque los documentos sean digitales: un PDF, una factura electrónica o un escaneo tienen el mismo valor que el papel y deben conservarse con la misma diligencia.
Conservar no es simplemente tener. Es tenerlos de forma que se puedan encontrar, leer y demostrar años después.
Los principios clave
- Trazabilidad y verificabilidad — un tercero competente (un inspector, tu asesor) debe poder seguir el recorrido de un documento sin lagunas.
- Integridad y exactitud — ningún justificante se pierde, nada se duplica ni se registra de forma errónea.
- Registro a tiempo — los documentos se archivan con prontitud, no meses después.
- Orden — un sistema de archivo comprensible en el que cualquier documento pueda localizarse.
- Inalterabilidad — un documento archivado no debe poder modificarse ni borrarse sin dejar rastro; los cambios tienen que quedar registrados.
A esto se añade la conveniencia de describir por escrito cómo nacen, se registran y se conservan los documentos en tu empresa. No es un formalismo: ese procedimiento documentado es lo que te permite demostrar que tu gestión es ordenada, y no solo afirmarlo.
Cuánto tiempo: seis años y cuatro años, y por qué no coinciden
Aquí está la confusión más extendida, y merece números concretos en lugar de un «varios años».
El Código de Comercio (artículo 30) establece seis años. Los empresarios deben conservar los libros, la correspondencia, la documentación y los justificantes concernientes a su negocio, debidamente ordenados, durante seis años a partir del último asiento realizado en los libros — salvo lo que dispongan normas generales o especiales.
La Ley General Tributaria trabaja con cuatro años. Es el plazo general de prescripción del derecho de la Administración a determinar la deuda tributaria, y se cuenta desde que finaliza el plazo voluntario de presentación de cada impuesto.
Y no son el mismo plazo. Puede ocurrir perfectamente que el derecho de la Administración a regularizar un impuesto ya haya prescrito y que, sin embargo, sigas obligado a conservar los libros de contabilidad y la documentación relacionada. La prescripción fiscal no libera de la obligación mercantil.
De ahí la regla práctica: cuando dos plazos concurren, manda el más largo. Y antes de destruir nada conviene comprobar si hay circunstancias que alarguen la obligación —bienes con efectos plurianuales, bases imponibles pendientes de compensar, créditos vivos, litigios abiertos—, porque las hay y no son infrecuentes. Ese es el momento de una llamada al asesor, no después.
Conservar el formato original
Un documento recibido en formato digital debe conservarse en su formato original. Imprimir en papel una factura que recibiste en PDF y archivar solo la copia impresa no equivale a conservar el original: el archivo electrónico es el que tiene valor probatorio.
Con la factura electrónica estructurada la regla es aún más estricta, porque al convertirla en una simple imagen se pierde precisamente la parte que la define.
Almacenamiento de documentos electrónicos: dónde y cómo
Un archivo electrónico que cumple su función tiene cinco propiedades. Merece la pena comprobarlas una a una sobre el sistema que ya usas:
Está centralizado. Los documentos viven en un único sitio, no repartidos entre buzones de correo, discos duros y carpetas personales. La prueba es sencilla: si mañana falta una persona, ¿sigue estando todo accesible?
Es localizable por contenido. No basta con que el archivo exista; hay que poder encontrarlo. Un sistema con OCR permite buscar dentro de escaneos y fotografías, de modo que un número de factura se localiza aunque nadie haya catalogado el documento.
Es íntegro. Las modificaciones y los borrados quedan registrados y son reversibles. Una carpeta compartida en red no cumple esto: cualquiera puede sobrescribir un archivo sin dejar rastro.
Está respaldado — y probado. Una copia de seguridad que nunca se ha restaurado de verdad no es una copia de seguridad, es una suposición. Conviene hacer la prueba una vez al año.
Es exportable. Tus documentos deben poder salir del sistema, completos y en un formato utilizable. Es lo que te protege frente a un cambio de proveedor y lo que te permite responder a un requerimiento.
Sobre la ubicación: si el proveedor es externo, importa saber en qué país están alojados los datos y bajo qué legislación. No es una cuestión comercial, sino la que determina el derecho aplicable a tus documentos.
Limpieza del fondo documental: cuándo eliminar
Es la parte que casi nadie planifica, y por eso los archivos crecen sin límite hasta que alguien decide «hacer limpieza» un viernes por la tarde, que es exactamente el peor modo de hacerlo.
La eliminación de documentos no es solo una cuestión de espacio. Tiene dos caras:
Por un lado, no puedes eliminar antes de tiempo. Destruir documentación todavía sujeta a obligación de conservación te deja sin prueba justo cuando la necesitas.
Por otro, tampoco deberías conservarlo todo indefinidamente. El RGPD exige no mantener datos personales más tiempo del necesario para la finalidad que justificó su tratamiento. Mientras existe una obligación legal de conservación, esa obligación es la justificación. Cuando el plazo vence, la justificación desaparece — y guardar «por si acaso» pasa de ser prudente a ser un incumplimiento.
Un procedimiento de limpieza que funciona:
- Clasifica por tipo de documento, no por año. Cada tipo tiene su plazo.
- Anota la fecha de inicio del cómputo, que no siempre es la fecha del documento: para los libros, el último asiento; para los impuestos, el fin del plazo voluntario de presentación.
- Revisa las excepciones antes de cada eliminación: litigios, créditos pendientes, bienes plurianuales.
- Deja constancia de lo eliminado — qué, cuándo y con qué criterio. Un registro de eliminación es lo que demuestra que actuaste con método y no por descuido.
- Hazlo una vez al año, en fecha fija, y no cuando falte espacio.
La factura electrónica
La factura electrónica gana peso en España y tiende a generalizarse. La Ley Crea y Crece prevé su extensión a las operaciones entre empresas y profesionales, con un calendario escalonado que depende del desarrollo reglamentario. En paralelo, Verifactu (en el marco del reglamento de sistemas informáticos de facturación) y el SII (Suministro Inmediato de Información del IVA) refuerzan los requisitos de trazabilidad e inalterabilidad de los registros.
La idea de fondo: una factura electrónica no es un PDF adjunto a un correo, sino un dato estructurado legible por programas de gestión. Eso reduce errores, pero obliga a recibirla, procesarla y conservarla en su formato original.
Aunque tu empresa aún no esté obligada a emitirlas, conviene prepararse ya para recibirlas y archivarlas correctamente. Cómo se hace está explicado en el artículo sobre gestión de facturas de proveedores.
Cómo ayuda un DMS
Un sistema de gestión documental cubre la parte técnica de todo lo anterior. Blina Space está diseñado como DMS para pequeñas empresas:
- Archivo central y ordenado — todo en un solo lugar, con carpetas y permisos, en vez de repartido por discos duros y adjuntos de correo.
- Registro de auditoría y papelera con restauración — queda constancia de quién hizo qué y cuándo; lo borrado es recuperable.
- Conservación en formato original — los PDF y las facturas electrónicas estructuradas se guardan sin alterarse.
- Búsqueda con OCR — escaneos y fotografías se vuelven buscables por su contenido.
- Copia de seguridad y antivirus — copias automáticas y análisis de cada archivo al subirlo.
- Exportación — tus documentos siguen siendo tuyos, también si cambias de herramienta.
- Servidores en Alemania, alojamiento en la UE y conforme al RGPD — con acceso protegido por roles, permisos y autenticación de dos factores, y base de datos dedicada por empresa.
Un DMS no sustituye el criterio de tu asesor ni otorga ninguna «certificación» oficial —ese tipo de certificación no existe como tal—, pero aporta las piezas de una gestión ordenada, trazable e inalterable.
Lista de comprobación
- Sé qué plazo aplica a cada tipo de documento, y desde cuándo se cuenta.
- Aplico el plazo más largo cuando concurren el mercantil y el fiscal.
- Los documentos digitales se guardan en su formato original.
- El archivo está centralizado y no depende de una sola persona.
- El contenido es buscable, también en escaneos.
- La restauración de la copia de seguridad se ha probado de verdad.
- Existe un procedimiento anual de eliminación, con registro de lo eliminado.
- Puedo exportar todo si cambio de proveedor.
Conclusión
La conservación documental se reduce a una idea sencilla aplicada con constancia: guardar los documentos digitales completos, ordenados, inalterables y localizables, durante el tiempo que corresponda — y eliminarlos cuando ese tiempo termina.
La segunda mitad de esa frase es la que casi siempre falta. Un archivo que solo crece no es un archivo ordenado: es un problema aplazado.
Prueba Blina Space gratis durante 15 días — archivo dedicado con IA, copia de seguridad y antivirus incluidos.